Regla PRIMERA. Es preciso en cuanto sea posible tomar las palabras en su sentido usual y ordinario esta es una regla sumamente natural y sencilla. Pero téngase muy presente que el sentido usual y ordinario no equivale siempre al sentido literal. Es decir, no siempre debe tomarse al “pie de la letra” especialmente cuando los giros lingüísticos varían de un idioma a otro.Regla SEGUNDA. Es del todo preciso tomar las palabras en el sentido que indica el conjunto de la frase. Es decir, se debe tener en cuenta el significado de una palabra a la luz de todas las frases. Por eso es necesario conocer el pensamiento del autor.
Regla TERCERA. Es necesario tomar las palabras en el sentido que indica el contexto, a saber los versículos que preceden y siguen al texto que se estudia. No se puede hacer doctrina con un solo versículo. Es decir se debe tener en cuenta el contexto del texto para no inventar un pretexto.
Regla CUARTA. Es preciso tomar en consideración el propósito del libro para aclarar las palabras o expresiones oscuras de un texto. Para conseguir el propósito de un libro hay que leerlo y estudiarlo con atención repetidas veces, teniendo en cuenta la ocasión y a las personas a las que se escribió originalmente. Leer todo el libro nos proporciona un cuadro general de este, una síntesis del pensamiento del autor.
Regla QUINTA. Es necesario consultar los pasajes paralelos. Los pasajes paralelos son aquellos que tienen relación, o que tratan de un mismo asunto. El buen estudiante de la Biblia debe adquirir conocimientos exactos sobre las doctrinas y las prácticas cristianas. Las cosas espirituales se explican por medio de cosas espirituales. I. Co. 2:13. Un pasaje paralelo junto a otro conforma lo que se llama una cadena temática. Ejemplo, Prov. 16:4; Mat. 10:37; Lc. 14:26; II. Ped. 3:9.
Antes de comenzar quiero aclarar que muchos de los principios de hermenéutica bíblica protestante son muy similares a los de la hermenéutica bíblica católica: Interpretar la Biblia en su contexto, en armonía con toda la Biblia,etc, etc, son principios que todos aplicamos. Otros son simplemente descabellados (como la regla primera). La diferencia básica estriba en que bajo los lentes de la reforma, no se admite ningún dogma que el juicio privado de cada creyente no apruebe. Así la última palabra en definición dogmática no reside en el magisterio de la Iglesia sino en lo que cada quien interpreta de la Escritura. Recuerdo haber escuchado comentar a este respecto: “La regla de hermenéutica por excelencia es: Toda interpretación por ser interpretación está bajo sospecha" (Esto incluye echar abajo cualquier dogma si fuese necesario).
Tomaré una doctrina protestante fundamental, aplicaré sus propias reglas de hermenéutica y veremos los resultados.
La doctrina de la Sola Fides o salvación por solamente la fe.
Esta doctrina enseña que el hombre se salva solamente por la fe, las obras no son requeridas en ningún modo para salvarnos. Los protestantes suelen justificarla con pasajes como:
"Porque pensamos que el hombre es justificado por la fe, sin las obras de la ley." Romanos 3,28
"Pues habéis sido salvados por la gracia mediante la fe; y esto no viene de vosotros, sino que es un don de Dios; tampoco viene de las obras, para que nadie se gloríe." Efesios 2,8-9
Regla QUINTA. Es necesario consultar los pasajes paralelos. Los pasajes paralelos son aquellos que tienen relación, o que tratan de un mismo asunto. El buen estudiante de la Biblia debe adquirir conocimientos exactos sobre las doctrinas y las prácticas cristianas. Las cosas espirituales se explican por medio de cosas espirituales. I. Co. 2:13. Un pasaje paralelo junto a otro conforma lo que se llama una cadena temática. Ejemplo, Prov. 16:4; Mat. 10:37; Lc. 14:26; II. Ped. 3:9.
Ahora preguntémonos: ¿La doctrina de la Sola Fe está en consonancia con algunos textos escogidos a capricho, o realmente esta doctrina aparece en toda la Escritura y en todos los pasajes paralelos?
Dice también la Escritura:
Hay muchos más pasajes que contradicen la doctrina protestante, no podemos colocarlos todos, pero unos cuantos bastarán:
"Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto." Juan 15,2
"Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie delante del trono; = fueron abiertos unos libros, = y luego se abrió otro libro, que es el de la vida; y los muertos fueron juzgados según lo escrito en los libros, conforme a sus obras. Y el mar devolvió los muertos que guardaba, la Muerte y el Hades devolvieron los muertos que guardaban, y cada uno fue juzgado según sus obras" Apocalipsis 20,12-13
"Porque es necesario que todos nosotros seamos puestos al descubierto ante el tribunal de Cristo, para que cada cual reciba conforme a lo que hizo durante su vida mortal, el bien o el mal." 2 Corintios 5,10
Apliquemos ahora la segunda regla:
Regla SEGUNDA. Es del todo preciso tomar las palabras en el sentido que indica el conjunto de la frase. Es decir, se debe tener en cuenta el significado de una palabra a la luz de todas las frases. Por eso es necesario conocer el pensamiento del autor
Las obras de las que habla Pablo no son las obras movidas por la fe y la caridad (De las que habla Santiago en el capítulo 2), sino las 613 leyes mosaicas que representaban para los judíos en cuanto a su cumplimiento una forma de "comprar" la salvación.
Esto es confirmado porque en la misma carta a los Romanos San Pablo utiliza el término "obras" (no de la ley) en un sentido diferente (para decirnos que seremos juzgados por ellas)
"...la revelación del justo juicio de Dios, el cual dará a cada cual según sus obras: a los que, por la perseverancia en el bien busquen gloria, honor e inmortalidad: vida eterna;" Romanos 2,5-7
San Pablo ve bien con buenos ojos los que por perseverancia en el bien busquen vida eterna. ¿Se está contradiciendo?, No, veremos aplicando la siguiente regla hermenéutica que nos ha dado el pastor, que no se contradice, sino que en el contexto cuando en Romanos 3,28 él excluye la necesidad de hacer obras de la ley, no está refiriéndose a las obras producto de la fe y caridad, sino a la ley Mosaica.
Apliquemos ahora la tercera regla:
Regla TERCERA. Es necesario tomar las palabras en el sentido que indica el contexto, a saber los versículos que preceden y siguen al texto que se estudia. No se puede hacer doctrina con un solo versículo. Es decir se debe tener en cuenta el contexto del texto para no inventar un pretexto.
"Bajaron algunos de Judea que enseñaban a los hermanos: «Si no os circuncidáis conforme a la costumbre mosaica, no podéis salvaros.»" Hechos 15,1
Es aquí donde Pablo dice que no somos justificados por las obras de la ley:
"Porque nada cuenta ni la circuncisión, ni la incircuncisión, sino la creación nueva." Gálatas 6,15
"Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión ni la incircuncisión tienen valor, sino solamente la fe que actúa por la caridad." Gálatas 5,6
En este contexto, San Pablo no está diciendo que las obras motivadas de la fe no son necesarias, sino el cumplimiento cabal de la ley Mosaica como forma de "comprar" de la salvación.
Este contexto es generalmente ignorado por los protestantes, y cuando Pablo se refiere a "obras de la ley" ellos generalizan a todo tipo de obras incluyendo de las que habla Santiago.
La salvación es una gracia de Dios que recibimos al momento de creer. Gracia significa "don", "regalo". El hombre en su estado caído no podía salvarse a sí mismo, no había obra que él pudiera hacer para rescatarse.
"Pues habéis sido salvados por la gracia mediante la fe; y esto no viene de vosotros, sino que es un don de Dios; tampoco viene de las obras, para que nadie se gloríe." Efesios 2,8-9
Es Dios quien tiene la iniciativa de salir al encuentro con el hombre, por puro amor y bondad y no por algún merecimiento del hombre. Así Dios infunde su gracia de forma completamente inmerecida. Esta gracia le mueve (motiva, impulsa) a CREER y luego a OBRAR.
Dios también ha dado al hombre otro don, que es el libre albedrío, posibilidad de elegir. Para que este don sea realmente del hombre, el tiene que poder ejercerlo, con todas las consecuencias que puede implicar.
"Mira, yo pongo hoy ante ti vida y felicidad, muerte y desgracia. Si escuchas los mandamientos de Yahveh tu Dios que yo te prescribo hoy, si amas a Yahveh tu Dios, si sigues sus caminos y guardas sus mandamientos, preceptos y normas, vivirás y multiplicarás...Escoge la vida, para que vivas, tú y tu descendencia" Deuteronomio 30,15-16.19
"Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo." Apocalipsis3,20
Así cuando Dios infunde su gracia al hombre, el hombre es libre de dejarse o no mover por la gracia. (Abrir o dejar cerradas las puertas de su corazón).
Al momento de la justificación, el hombre se deja mover cuando cree, o se resiste cuando no cree
"Así pues, queridos míos, de la misma manera que habéis obedecido siempre, no sólo cuando estaba presente sino mucho más ahora que estoy ausente, trabajad con temor y temblor por vuestra salvación, pues Dios es quien obra en vosotros el querer y el obrar, como bien le parece." Filipenses 2,12-13
Algo que se debe tener claro, es que Dios da su gracia a todos los hombres, y quiere realmente que cada hombre se salve y lleguen al conocimiento pleno de la verdad.
"Esto es bueno y agradable a Dios, nuestro Salvador, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad." 1 Timoteo 2,3-4
La diferencia entre el hombre que decide creer y no creer, no reside en que Dios quiso o no quiso conceder el don de la fe a este hombre, porque esto implicaría que lo predestinó a condenarse o a salvarse, sino que este hombre haciendo ejercicio de su libertad aceptó o rechazó la gracia.
Una vez el hombre justificado, no solo le es imputada la justicia de Cristo sino que es realmente "hecho justo", (regenerado realmente en su interior), es nueva criatura.
"Por tanto, el que está en Cristo, es una nueva creación; pasó lo viejo, todo es nuevo." 2 Corintios 5,17
En este sentido el Espíritu Santo comienza la obra de renovación que no es meramente un legalismo donde al hombre se le declara justo pero sigue siendo pecador, sino que el hombre se va volviendo realmente justo. Esto llamamos santificación.
"Porque esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación; que os alejéis de la fornicación, que cada uno de vosotros sepa poseer su cuerpo con santidad y honor," 1 Tesalonicenses 4,3-4
"Teniendo, pues, estas promesas, queridos míos, purifiquémonos de toda mancha de la carne y del espíritu, consumando la santificación en el temor de Dios." 2 Corintios 7,1
"Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto” Juan 15,2.
"y llegado a la perfección, se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen," Hebreos 5,9
"«No todo el que me diga: "Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial." Mateo 7,21
Teniendo en cuenta que la colaboración del hombre con la gracia es indispensable en todo momento, es un error decir que la salvación ocurre sin intervención humana, más bien es correcto decir que la salvación es enteramente de Dios y a la vez enteramente nuestra, o mejor aún “de Dios a través del hombre” En este sentido decía San Agustín: "El Dios que te creó sin ti, no te salvará sin ti":
Esta colaboración del hombre con la gracia no puede ser desestimada, no podemos tampoco hacer la afirmación de que si el hombre tiene fe, seguramente producirá buenas obras, porque esta afirmación excluye la posibilidad del ejercicio pleno del libre albedrío.
Imaginemos que tenemos una ecuación de dos variables, hacer la afirmación anterior equivale a cambiar la variable por una constante, y resolver la formula dando valores a la variable restante. El problema de esto, es que se tiene solo parte de la verdad, y se cae en errores.
Un ejemplo de estos errores son visibles entre los protestantes calvinistas y jansenistas. Ellos al entender que el hombre que tiene fe “siempre” produce obras (excluyendo la libertad de elegir), han concluido que como es Dios quien da el don de la fe, entonces es Dios quien predestina a un hombre para salvarse o condenarse, y el hombre no puede hacer nada al respecto. Han terminado cambiando a un Dios que quiere que todos se salven, por un Dios que quiere que algunos se condenen y los crea para tal cruel destino.
Por último, una vez entendiendo que la salvación es producto de obra de Dios y nosotros somos colaboradores secundarios, podemos entender que debemos colaborar al momento de Creer (Fe) y al momento de ejercer el libre albedrío fructificando la fe (obras) y por eso, la fe sola no salva, sino la fe que produce obras, o lo que los católicos llamamos fe y obras. Debemos elegir creer y luego en cada momento elegir obrar conforme a la fe. Todo esto en pleno uso de nuestra libertad.
Esto está en perfecta consonancia con el evangelio, donde las obras no son una moneda de pago donde se compra la salvación al estilo judaico, y por eso Pablo rechaza la doctrina de salvación por obras de la ley, sino que explica perfectamente cual es el papel de las obras. Las obras son un SI a la iniciativa de Dios de salvarnos por pura gracia.
Es posible entender entonces porqué en el juicio todos seremos juzgados por obras, porque por medio de nuestras obras se verá si realmente dijimos si a la gracia de Dios, creyendo y obrando.













